
“Hay tres puertas que conducen al infierno interior: la lujuria, la ira y la codicia.
Deben abandonarse por completo, pues son causas de la destrucción del alma.”
— Bhagavad Gita, 16:21
Esta enseñanza no habla de un infierno externo, ni de castigos divinos, sino de estados de conciencia. El infierno al que se refiere es una experiencia interna: la desconexión del Ser, la fragmentación del alma y la pérdida de coherencia espiritual.
Estas tres fuerzas no son “pecados” en el sentido religioso, sino distorsiones de la energía vital cuando el ego gobierna sin consciencia.
1. La lujuria: cuando el deseo suplanta al amor
La lujuria no es el cuerpo ni el placer en sí, la lujuria es el deseo desconectado del corazón, cuando el otro deja de ser un alma y se convierte en un objeto de consumo energético, la lujuria nace del vacío interno. Busca afuera lo que no ha sido reconocido dentro.
Cuando gobierna: El vínculo se vuelve transaccional, el placer reemplaza a la intimidad, el impulso domina a la conciencia, la lujuria fragmenta el alma porque rompe la unidad entre cuerpo, emoción y espíritu. El deseo ya no eleva: arrastra, sanar la lujuria no implica reprimir, sino volver sagrado el deseo, devolviéndole presencia, respeto y verdad.
2. La ira: el fuego que consume al portador
La ira es energía de fuego mal dirigida, es una fuerza poderosa que, cuando no es integrada, se vuelve destructiva.
La ira surge cuando: El yo se siente amenazado, el orgullo ha sido herido, el dolor no ha sido reconocido, no destruye al otro, destruye primero a quien la sostiene, la ira cierra el corazón, nubla la percepción y rompe el vínculo con la sabiduría interna. En ese estado, el alma se contrae, y la conciencia se vuelve reactiva. Transformar la ira no es negarla, sino escuchar el dolor que la origina, permitirle expresarse sin violencia y transmutarla en claridad, el fuego, cuando se integra, ilumina y cuando se reprime o se desborda, quema.
3. La codicia: el hambre que nunca se sacia
La codicia no es desear prosperar, es creer que nunca es suficiente, es la ilusión de que algo externo dinero, poder, reconocimiento, control, llenará una carencia interna que no ha sido sanada, la codicia encadena al alma porque:
- Genera comparación constante.
- Produce miedo a perder.
- Desconecta de la gratitud.
Quien vive en codicia nunca habita el presente, siempre está persiguiendo y por eso nunca está, la abundancia real surge cuando el alma recuerda que ya es, antes de tener.
“Abandonar” no significa luchar contra ellas, sino trascender su gobierno, estas puertas se cierran cuando: El deseo se alinea con el amor, el fuego se vuelve conciencia y la abundancia nace de la plenitud interior. Al hacerlo, no se pierde nada esencial, por el contrario, el alma recupera su centro.
El infierno no es un lugar, es un estado donde el alma se olvida de sí misma, la salida no está en la culpa, sino en la presencia consciente, cuando el ser humano deja de vivir dominado por lujuria, ira y codicia, no se vuelve frío ni distante: se vuelve libre, íntegro y soberano de su energía.
Y en esa soberanía, el alma deja de destruirse… y comienza a recordarse.
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare
Hare Krishna Hare Krishna
Krishna Krishna Hare Hare
Rouss Jallieth.
Decreto de liberación.
Manual conocimiento de la energía y código genético.
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