
Imagina que nunca has estado separado.
Imagina que toda la historia de tu vida, con sus alegrías, pérdidas, búsquedas, amores, errores, triunfos y tropiezos, no es un accidente cósmico ni una prueba impuesta por una divinidad distante. Es simplemente la experiencia de un pájaro descubriendo el sabor de la existencia.
Los antiguos sabios de los Upanishads hablaron de dos pájaros sentados en el mismo árbol. Uno come, el otro observa, uno busca, el otro recuerda, uno corre detrás de los frutos dulces y huye de los amargos. El otro permanece inmóvil, sereno, completo.
Desde la mirada humana solemos creer que somos únicamente el pájaro que come. El que se enamora, el que se decepciona, el que acumula conocimientos, el que persigue metas, el que construye identidades y las defiende como si fueran fortalezas.
Ese pájaro es el alma individual, no es un error, no está dormido por castigo, no necesita ser destruido, ha venido precisamente a probar los frutos, ha venido a experimentar, ha venido a conocer la textura de la alegría y de la tristeza, de la abundancia y de la carencia, de la unión y de la separación.
Porque la Fuente no aprende a través de teorías, la Fuente aprende a través de la experiencia.
Cada fruto que probamos es una página más del libro de la consciencia. Mientras tanto, el otro pájaro observa, nunca interviene, nunca obliga, nunca juzga, no se impacienta.
No dice:
- Ya deberías despertar.
- Ya deberías sanar.
- Ya deberías ser espiritual.
Eso son inventos del ego disfrazado de maestro, el Alma del Mundo simplemente contempla, sabe que todo llegará a su tiempo, sabe que el alma individual no puede ser forzada a regresar, porque aquello que es eterno jamás tiene prisa.
El error de muchas búsquedas espirituales
Muchas personas entran al camino espiritual creyendo que deben abandonar el árbol.
- Quieren dejar de sentir.
- Dejar de desear.
- Dejar de equivocarse.
- Dejar de ser humanos.
Pero la parábola no muestra al pájaro observador arrancando a su compañero del árbol.
- Lo deja comer.
- Lo deja explorar.
- Lo deja descubrir por sí mismo.
- La consciencia no despierta por obligación.
- Despierta por madurez.
- Hay frutos que deben probarse.
- Hay experiencias que deben vivirse.
- Hay preguntas que sólo pueden responderse atravesándolas.
Incluso los caminos equivocados tienen una función sagrada, a veces el alma necesita recorrer cien senderos para descubrir que aquello que buscaba siempre estuvo sentado a su lado.
El momento del recuerdo
- Llega un instante silencioso.
- No suele venir acompañado de fuegos artificiales.
- No aparece necesariamente durante una meditación espectacular.
- No siempre sucede en un retiro espiritual.
- A veces ocurre en medio de una taza de café.
- En una pérdida.
- En una conversación.
- En una noche cualquiera.
De repente, el pájaro que comía levanta la mirada. Y ve al otro.
- Descubre que siempre estuvo allí.
- Descubre que nunca estuvo solo.
- Descubre que la presencia que observaba cada uno de sus movimientos era la misma presencia que respiraba dentro de él.
- Entonces ocurre algo extraordinario.
- No desaparece el alma individual.
- No muere la personalidad.
- No se destruye el ser humano.
- Simplemente recuerda su origen.
Comprende que era una ola creyéndose separada del océano.

La gran integración
- La iluminación no es que un pájaro elimine al otro.
- Es que ambos reconocen que jamás fueron dos.
- El observador y el experimentador son expresiones de una misma consciencia.
- La parte eterna y la parte temporal.
- La inmensidad y el personaje.
- La Fuente y la experiencia de la Fuente.
Por eso el despertar no consiste en escapar de la vida, consiste en vivirla plenamente sin olvidar quién la está viviendo, comer el fruto, sabiendo que eres el árbol. Caminar el sendero, sabiendo que eres el camino. Amar a otro, sabiendo que la misma consciencia mira a través de ambos pares de ojos.
La consciencia se expresa de la siguiente forma…
- No vine a quitarte el hambre.
- No vine a impedirte probar los frutos.
- No vine a apresurar tu regreso.
- Vine a acompañarte mientras recuerdas.
- Come, aprende, ríe, llora, ama, cae y vuelve a levantarte.
-Rouss Jallieth
Sat Chit Ananda
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